Post de "Bomba insulina"

Diario de una “bomba”: Segundo y tercer días

Jueves 23:50: Ayer no pude escribir nada. Me hubiera gustado pero me fue imposible. El agotamiento físico y mental hicieron mella en mí y sucumbí al sueño.

Retomo mi diario ahora:

Miércoles 25 de febrero:

7.00h: En total esta noche he dormido 3 horas, de 4 a 7 h, turno que ha cubierto Gustavo, Al levantarme, veo que ha tenido que corregirle 2 veces con bolos extra pues la glucosa ha iniciado su ascenso…

7.30h: María se mide. ¡Ala! 268. Algo falla con la bomba. Ponemos otro bolo corrector y nos marchamos al hospital.

9.00h: Se vuelve a medir. ¡¡337 y 0,8 de cuerpos cetónicos!!. Ya no hay duda: El catéter no está funcionando, hay que cambiarlo, pero antes hay que bajar la glucosa. Pinchamos con pluma y a esperar. María “entra en crisis”. Entiendo perfectamente cómo se siente: está enfadada, decepcionada, frustrada, enormemente disgustada, cansada. Los niños viven a tope el aquí y ahora y no tienen la perspectiva de futuro que tenemos los adultos. Ella ahora está con mucho hambre y no contaba con tener que cambiar el catéter. Con estas condiciones ya “no le mola” la bomba… Siento con claridad qué necesita mi hija: que su padre y yo mantengamos su ánimo. Uf!, tenemos poca energía, sin dormir, desbordados por tanta información nueva, se activa nuestro “botón especial de padres por encima de todo” y miramos adelante. Un beso, un abrazo, un poco de escucha y comprensión y María, agotada, se duerme un rato en la camilla mientras nosotros seguimos con la formación.

11.00h: La glucosa ha bajado ya a 139. Toca cambiar el catéter. María muy disgustada. Nosotros, con todo el cariño del mundo… Ya está ¡a desayunar!. Se queda con hambre y le molesta el nuevo catéter. “Mami, yo así no quiero la bomba. Fuera”. Y yo pienso “Esto hay que remontarlo, su ánimo es más importante que la glucosa. No perdamos de vista el objetivo, sabemos que en unos días disfrutará de muchas ventajas, es fundamental perseverar…”. Nos tomamos los 3 un descanso. Gustavo le ayuda a centrar su atención en elegir comida para cuando pasen estos días de adaptación y yo… practico con ella la risoterapia: cantamos, bailamos, soltamos palabras graciosas “poco correctas” y acabamos riendo a carcajadas. Ya estamos en condiciones de volver a la sala a seguir aprendiendo… Nos aplicamos, ponemos toda la energía de la que somos capaces para aprender todo lo referente al nuevo artilugio que se ha convertido en la “amiga inseparable” de María. Se nos da bien el resto de la mañana.

13.30h: Hemos llegado al “tope” de aprendizaje posible hoy y se nos debe notar. La enfermera nos “da permiso” para marchar a casa.

15.00h: María come lo mismo que ayer. ¡Qué gusto no tener que pinchar!. Flexibilizo las costumbres familiares y le dejo comer viendo la tele. Con el estómago lleno, sentada en el sofá y sin inyección en la comida, María vuelve a percibir las grandes ventajas de la bomba.

17.30h: Intento que se ponga a estudiar. Imposible. Está agotada. Me pongo en su lugar y flexibilizo de nuevo… El resto de la tarde yo intento trabajar un rato en el ordenador con poco éxito. Estoy muy cansada, la pequeña, viendo dibujos y los mayores, jugando a la PS4. No es lo ideal y al mismo tiempo no me siento capaz de hacer otra cosa. Estoy en “modo supervivencia”.

22.00h: No puedo más. Estoy al límite del agotamiento. Le pido a Gustavo que cubra el tramo de controles horarios hasta las doce y me voy a dormir.

Jueves 26 de febrero:

01.00: Me levanto a medir a María. Me duermo. Me vuelvo a levantar a las 2.00, a las 4.00, a las 5.00, a las 6.00 y a las 7.00 ya para arreglarme. Su glucosa bien, yo, no tanto.

8.30: María desayuna y salimos “pitando”. Cuanto más tardemos más difícil es aparcar.

9.30: Ya en la sala de educación diabetológica, al ir a repasar los números con la doctora… ¡¡horror!! Nos hemos olvidado del bolo del desayuno!!. No me lo puedo creer. Tengo que hacer un gran esfuerzo para no dejarme arrastrar por la culpabilidad y el machaque personal. Lo hecho, hecho está, ahora “toca” arreglarlo… Segunda mañana “perdida”. Así no se puede ajustar la basal…¡Qué montón de sentimientos se agolpan!. ¡Cómo es posible que olvide algo TAN importante!. En fin, soy humana y son muuuchas cosas: Tres hijos, dos noches sin dormir y cambio de rutinas todo ello en la coctelera… Pero bueno, ya está, miremos hacia adelante, siempre adelante.

Resto de la mañana: Seguimos con la formación. Todo va bien. María se va manteniendo entre la maquinita, el aburrimiento, el cansancio y la curiosidad.

17.30h: De nuevo en casa. Como, descanso media hora y a prepararme. En cuanto llegue Gustavo del trabajo me voy yo a trabajar. María, más animada que ayer se pone a hacer la tarea.

18.00h: ¡Su primera merienda con bomba!. ¡Qué felicidad!. Al recordarle: “Hay que poner la insulina antes…”: ni una queja, María coge rápidamente su bomba y se dispone a “lanzar” el bolo correspondiente. Momentazo: otro pinchazo evitado.

21.30h: Vuelvo a casa. Todo en orden. María está con buenos valores y la bomba ayuda mucho con los cálculos. Nos vamos adaptando.

Viernes 27 de febrero:

0.30h: Le acabo de hacer un control ¡hay mi niña! ¡cómo tiene los dedos!. Deshecho ese pensamiento de mi cabeza, no me ayuda. Centro mi atención en lo feliz que está de no tener que pincharse para ponerse la insulina en cada comida y ya está, vamos a mejor, somos muy afortunados.

1.10h: Me voy a dormir un rato. Necesito descansar.

Diario de una “bomba”

Esta es la bomba de MaríaEs la primera noche que mi hija María duerme con su bomba nueva.

Hoy ha sido un gran día. En verano María decidió que, definitivamente, quería ponerse la bomba. En septiembre se lo dijimos a la endocrino y entramos en lista de espera…  Desde que hace un mes nos dieron la fecha, hemos vivido la cuenta atrás. El último domingo que ponemos Lantus, el último lunes y así hasta ayer: la última inyección de Lantus, la última de Humalog en la comida, la merienda, la cena, el desayuno de hoy y por fin: ¡no más inyecciones diarias!. Cuando llevas casi 3 años con 5-6 inyecciones diarias, la idea de pasar a un pinchazo cada 2-3 días se vive como ¡una gran fiesta!.

Sabemos que no todo va a ser fácil con la bomba. Todo tiene sus pegas. Sin embargo, además de las grandes posibilidades de realizar mejores ajustes de insulina por tramos horarios, el hecho de reducir drásticamente el número de pinchazos diarios ya es una enorme mejora en su de calidad de vida…

María estaba harta, harta de pinchazos y de no poder empezar una comida sin la correspondiente inyección… Harta hasta el punto de algunos días preferir no merendar a ponerse la insulina. Harta del dolorimiento de brazos y piernas, de poner y quitar agujas a las plumas…

Por eso hoy, para ella y para nosotros sus padres, es un gran día. Con mucha ilusión y destreza maneja María su bomba desde ayer. Vamos a estar toda la semana con formación en el Hospital Ramón y Cajal. Con paciencia y mucho cariño, M. Ángeles nos va explicando con detalle cómo manejar la bomba en situaciones “normales” y también excepcionales. En los ejercicios prácticos, María siempre nos gana a su padre y a mí ¡qué tranquilidad!. Y es que las nuevas generaciones integran mucho antes las nuevas tecnologías.

Hoy me toca noche en vela. Para ajustar las basales los controles serán cada hora. No importa. Mi hija está feliz. Ella decidió cuándo estaba preparada para ponerse la bomba y, aunque vengan dificultades, que vendrán, hoy sé que paradójicamente, estar conectada a una máquina le va a dar mucha libertad.

Y eso es lo que cuenta. María tiene 10 años y las cosas muy claras. Es “su” diabetes y lo más importante es que disponga de todos los recursos disponibles para gestionarla lo mejor posible. Su padre y yo, ahí estamos, para acompañarla en el camino, sostener sus momentos flojos y celebrar sus avances. Mirando hacia adelante, siempre mirando hacia adelante y más allá.

Os seguiré contando.

Bomba de insulina

En la convivencia de familias organizada por la Asociación de Diabéticos de Madrid, vino una enfermera y educadora en diabetes a hablarnos de la bomba de insulina.
Yo no soy una experta en bombas de insulina, ni pretendo serlo, para eso tenemos a Lourdes: http://www.70-110.com/, las enfermeras y endocrinos que atienden a nuestros hijos e información ofrecida en la web de la asociación. Eso sí, me quedaron varias ideas claras:
La propuesta surge generalmente del equipo médico que atiende al niño/a diabético ya que es un tratamiento muy caro que cubre la Seguridad Social y por tanto, marca unos criterios de partida.
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