Post de "gracias"

Amor de abuela

Un abrazo y mucho más.A principios de noviembre, mi hija María fue a dormir a casa de mi madre.
Desde su debut, hace casi 3 años, no había vuelto a ir. Y es que yo, como hija, no quería “cargarle con esa responsabilidad” a mi madre y como madre, quería estar pendiente de mi hija…

Pero María lo echaba de menos. De repente empezó a hablar de los tiempos que, con 5 y 6 años, se quedaba algún día a dormir en casa de su “Amama” y la “libertad” que sentía. Me di cuenta de que María ya estaba preparada y que mi madre también. Había llegado el momento de dejarlas a las dos disfrutar de su “tiempo especial”.  Y ese fin de semana, María durmió en casa de mi madre 2 noches seguidas y ¡todo fue bien!.

Después de ese fin de semana, animé a mi madre a escribir cómo se sentía y ella, diligentemente escribió y me lo mandó… Con más de un mes de retraso lo cuelgo en este apartado de compartir recuerdos dando un GRACIAS con mayúsculas a mi madre en particular y a las madres-abuelas en general, por su escucha, su paciencia, su apoyo incondicional y presencia, elementos que se valoran más, si cabe, en los momentos de dificultad…

A continuación incluyo “tal cual” el texto que me mandó mi madre…

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13 días y 12 noches

13 días y 12 noches ha pasado mi hija María en el campamento que cada año organiza la Asociación de Diabéticos de Madrid.

Ha sido su segundo campamento.

Para ella, sin duda, ha sido un tiempo de libertad (descanso de padres quiero decir), esfuerzo (los monitores fomentan mucho la autonomía y el aprendizaje) y mucho disfrute (piscina, playa, juegos, etc.).

Y para mí, 13 días sin pensar en los niveles de glucosa, 13 días sin calcular raciones ni mirar etiquetas, 13 días sin estar pendiente de inyecciones de insulina ni del reloj.

13 días y 12 noches. 12 noches durmiendo ¡6 o 7 horas seguidas!. ¡Ya había perdido la costumbre!. Porque sí, a todo se acostumbra una, y al mismo tiempo, ¡qué regalo es poder olvidar la exigencia del cuidado de la diabetes de vez en cuando!.

No, mi hija no puede olvidarse de su diabetes. Le acompaña y acompañará cual fiel compañera toda su vida. Y nosotros, sus padres, día a día intentamos aligerarle el “equipaje”.

13 días y 12 noches. Sí, la hemos echado mucho de menos. Sus risas, su energía, su conversación agotadora, su generosidad, su vitalidad, su disfrutar a tope cada momento y desearlo todo a la vez.

No, a su diabetes no. Nos habría encantado que la hubiera “perdido” en algún lugar recóndito de Murcia de donde no volviera nunca, nunca…

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Pura necesidad

Rosa

¡Cuánto nos cuesta a las madres dar respuesta a nuestras necesidades!.

En el día a día nos “autoengañamos” diciendo: “de verdad que no puedo”, “¡hay tanto por hacer!” “mis hijos son mi prioridad, ya descansaré cuando sean mayores!” etc.

Y sabemos, en nuestro fuero interno, que el cansancio nos está jugando “una mala pasada”. Que nos falta paciencia para estar con nuestros hijos, que nuestro cuerpo nos manda señales y no le estamos haciendo caso. Y seguimos, seguimos, seguimos…

Seguimos porque a veces no dedicamos el tiempo a buscar alternativas de mejora…

Sin embargo, en ocasiones, esas alternativas nos llegan “de regalo” y este fin de semana estoy viviendo una de esas situaciones…

Mis hijos mayores están en la convivencia de fin de semana que cada primavera, con ilusión y mucha dedicación, preparan los monitores voluntarios en la Asociación de Diabéticos de Madrid. Y mi hija pequeña ha pasado la noche en casa de mi madre. ¡Qué dos maravillosos RECURSOS! Personas que nos están permitiendo, a Gustavo y a mí, tomarnos un respiro. Un cine, una cena tranquila (sin cocinar, sin medir, sin calcular, sin recoger) y ¡¡7 horas de sueño seguido!!. Sólo las personas que llevamos mucho tiempo sin este “lujo” podemos saber lo bien que sabe.

Sí, para mí ya era pura necesidad. El día a día es intenso. Disfruto mucho, de veras, pero a veces siento que mi cuerpo no es capaz de llevar el frenético ritmo que mi mente y mi corazón se empeñan en marcar. Y este fin de semana, me estoy permitiendo tomarme unas horas para dormir, leer, escribir… y renovar mi energía, para seguir disfrutando de mis hijos y de mi profesión.

Pura necesidad: os invito a reconocerla, aceptarla con cariño y permitiros buscar la manera de darle respuesta. Nosotras, las madres, somos personas muy valiosas para nuestros hijos. Nos necesitan sanas y felices para poder acompañarles en su camino hacia la autonomía y la felicidad.

Segundo cumpleaños

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Hoy, 21 de marzo de 2014, celebramos el 2º cumpleaños de María con diabetes.

Yo, no me suelo acordar de fechas especiales, pero ésta no se me olvida, quiso la “vida” que coincidiera con el cumpleaños de mi madre y el inicio de la primavera…

Y hoy, como cada día, sé que tengo dos alternativas:

-  Dejarme llevar por la tristeza, la pena por lo perdido, por lo que fue y ya no es, por las pegas y dificultades del día a día, por el cansancio… o bien

- Dar gracias por la vida de María. Por su alegría, su sonrisa, su animada conversación, su manera de disfrutar a tope cada momento del aquí y ahora, sin preocuparse del futuro, sin añorar el pasado…

Sé cuál es la mejor elección para mí, lo sé, y al mismo tiempo sé que necesito expresar mis emociones. Así que me tomo 10 minutos, 10 minutos para sentir la pena, la tristeza y el cansancio asociados a esta mochila que llevo puesta y tiene por nombre diabetes.

10 minutos, no necesito más, y pasado ese tiempo, pongo a tope mi canción favorita: Color Esperanza, y repaso mentalmente todos los maravillosos momentos vividos estos dos años.
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El examen

semaforo con caras

Cada vez que voy con mi hija al hospital para su revisión de la diabetes, experimento el día anterior un cosquilleo en el estómago. Como cuando tenía un examen.

Sí porque para mí es “como un examen”. Le hacen el análisis de la glicosilada, revisamos con la endocrino y la enfermera unidades de insulina, raciones, horarios, deporte, estado de la piel… Vamos, un examen en toda regla.

Y aunque soy consciente de que no es 100% así, siento que de mí depende la “nota final”. Que yo, junto con mi marido (pero él no está presente en el examen), somos los que nos ocupamos de “velar” por la estabilidad de la glucosa de nuestra hija las 24 horas del día… Uf! Este sentimiento llena mi mochila de forma especial de camino al hospital. Leer más